Experiencia de una entrenadora: compaginar la sincro con los estudios

En el artículo de hoy os quiero explicar mi experiencia de intentar compaginar la sincro con los estudios, sobre todo lo que fue mi primer año de carrera. Ésta fue una nueva etapa y muchos cambios. De ambiente, de gente, de rutina… un año ajetreado para concretar más. Así fue mi primer año en la universidad y siendo entrenadora de sincro. En un artículo anterior ya hablé de experiencias a las que me tuve que adaptar como entrenadora, como fue el pasar de nadadora a entrenadora.

Para empezar, cursé un popurrí de bachillerato. Literatura, empresa, diseño, cultura audiovisual, matemáticas… no podríamos definir muy bien a lo que quería encaminarme. Muchos podemos reconocer que hasta que no tienes que realizar la lista de preferencias de carreras, no sabes lo que quieres hacer. Y en ese momento, a veces, pones algo que te pueda servir un poco, porque tampoco lo tienes nada claro.

En setiembre empecé las clases, no con muchas ganas. El miedo de conocer gente nueva, la dinámica de la universidad, los horarios diferentes, profesores nuevos… en definitiva, que el colegio se había acabado. El punto positivo es que la mayoría de gente, va igual de perdida que tu. No me emocioné con las asignaturas, porque no era periodismo, que fue mi primer opción, pero eso es otra historia.

No solo empezaba una nueva etapa estudiantil, sino que cambiaba también de equipo y piscina. Decidí continuar un año más en el agua, pero esta vez orientada a sincro show, es decir, la sincro para eventos y fiestas, no competitiva. Fue todo una novedad, ya que mis amigas del equipo y yo veníamos de un colegio, y fuimos a un club. Conservando la misma entrenadora nos sumergimos en la aventura. Todo al principio resultaba divertido y relajado, hasta que empezaron los trabajos, exámenes y deberes. Se empezó a hacerse difícil el compaginar la sincro con los estudios. Veníamos de tener horario escolar y llevarlo fantástico todo, pero ahora todo había cambiado. Te introduces en un nuevo mundo y, a veces, te abruma.

Todas empezamos a notar tensiones, ya que cuando una tenia un examen, la otra podía venir a los entrenos, y esto a veces se traducía como poco compromiso por parte de la primera. Salías de la universidad (en mi caso hacia tardes), ibas a casa, media hora para merendar algo, hacer la bolsa, salir pitando para coger el bus, llegar al club, 1 hora y 30 de entreno, acabar a las 22, llegar a casa, cenar y dormir como un tronco. Todo esto dos días o tres a la semana. Conclusión: agotamiento.

No estoy diciendo que es imposible compaginar la sincro con la universidad, en mi caso, me costó mucho. Llegué al punto que tuve que decidir dejar mi deporte para centrarme de pleno en mis estudios. La sincro y la universidad son totalmente compatibles, pero hay personas que no pueden abarcarlo todo y tienen que decidir.

No creo que haya perdido algo, sino que he ganado. Ahora ya no nado, pero entreno y de esta manera, no me alejo del agua.

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